2 errores de productividad que te quitan eficacia y cómo evitar procrastinar en 3 pasos

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Cómo dejar de procrastinar en 3 sencillos pasos

La clave para cambiar tu realidad pasa por conocerla. Si no sabes las reglas del juego, ganar será misión imposible.

Es por eso por lo que el contenido de hoy es de vital importancia, porque hará que cobres consciencia de tu realidad y te ayudará a darte cuenta de tu productividad real a la hora de estudiar.

Porque no nos engañemos, muy probablemente tu eres un pro-pro: o sea, un procrastinador profesional. Y aunque puede que no te identifiques mucho con esta palabreja tan rara como es “procrastinar” si que, seguramente, hayas caído en sus redes hace mucho tiempo.

En mi caso, recuerdo perfectamente que era la trampa en la que caía día sí y día también.

Cuando llegaba a casa después de clase —sobre las 3 de la tarde— siempre decía lo mismo: como y me pongo a estudiar. Sin embargo, cuando comía siempre ponían Los Simpsons y era la excusa perfecta para mantenerme adherido al sofá.

Más tarde, cuando los capítulos habían acabado, me decía que estaba demasiado cansado como para estudiar o hacer los deberes, por lo que me intentaba autoconvencer de que, después de 15 minutos, sí que me pondría a estudiar.

Y esto se convertía en un bucle… ¡15 minutos después! decía yo y, a los 15 minutos adivina qué pasaba. Pues que lo postergaba otros 15.

Si, era un desastre.

Esto lo mantenía hasta que llegaba a un umbral en el cual ya era imposible hacer nada porque tenía que ir a entrenar. Y evidentemente, después de entrenar iba a ponerse a hacer algo rita, la cantaora.

Pero ojo, porque esto no sólo ocurría con los estudios, sino que más bien era algo que me acompañaba a lo largo de, prácticamente, todas las tareas de mi juventud.

  • Ray: Jorge, ¿Has subido los eskies al trastero?
  • Jorge: ¡Sí, claro! Ahora los subo.

“10 horas más tarde” (Ray me tira los bastones al sofá)

O lo típico…

  • Ray: tio recoge la cocina, hoy te toca a ti.
  • Jorge: Si si… ahora. (gesto de la mano)

(10 horas más tarde) – Ray entra en la cocina y el mítico PAM!-

Si sientes que este patrón de comportamiento inunda tu vida, déjamelo en los comentarios.

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Cómo que, ¿todavía crees que esto es algo que no va contigo?

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Vermont publicó en 1984 que el 46% de los estudiantes tendían a procrastinar sus trabajos de clase y hasta un 30% lo hacían a la hora de estudiar para sus exámenes.

Además, de todos ellos, un 65% indicó que les gustaría solucionar este problema a la hora de realizar trabajos, el 62% a la hora de estudiar para los exámenes y el 55% a la hora de hacer los deberes semanales.

Otro estudio hecho en 1992 mostró cómo el 52% de los estudiantes encuestados tenían una grandísima necesidad de atajar este problema, ya que se estimaba que, de todos los estudiantes universitarios, entre el 80 y el 95% tenían este mismo problema: procrastinar.

Por lo que lo más probable es que, efectivamente, tú que me estás viendo, formes parte de la familia de los pro pro: procastinadores profesionales.

Entonces, ¿qué es lo que pasa por nuestro cerebro cuando nos encontramos en estas situaciones?

Tenemos claro que el problema es que tenemos un deber, tarea u obligación que siempre evitamos.

Pero, ¿Por qué hacemos esto?

Realmente hay un montón de teorías que pretenden responder a esta pregunta. Por ejemplo, si atendemos a Bruce Tuckman, Dennis Abry y Dennis Smith, en su libro “Learning and Motivation Strategies: Your Guide to Success” destacan que tú estarías procrastinando una tarea por una de estas 15 razones:

  1. No sabes lo que tienes que hacer.
  2. No sabes cómo hacerlo.
  3. No quieres hacerlo.
  4. Te da igual hacerlo o no.
  5. Te da igual cuándo hacerlo.
  6. No tienes el ánimo suficiente como para hacerlo.
  7. Crees que trabajas mejor bajo presión.
  8. Crees que puedes terminarlo en el último minuto.
  9. No tienes motivación para comenzar.
  10. Olvidas que tienes que hacerlo.
  11. Le echas la culpa a que te encuentras mal.
  12. Esperas al momento perfecto para hacerlo.
  13. Necesitas tiempo para pensar en la tarea.
  14. Retrasas la tarea para hacer otra diferente.
  15. Tienes el hábito de dejarlo todo para el final.

Como ves, seguramente hayas atendido a una de estas razones —aunque yo diría excusas y de las baratas— cuando decidiste pasar de hacer esa tarea que tanto lleva pendiente en tu lista.

Sin embargo, yo creo que esto que acabamos de ver no explica el por qué real, sino más bien, es una justificación de este mismo por qué.

Me explico. A estas alturas espero que sepas que tu cerebro solo sabe de placer y dolor, ¿verdad?

Pues lo que yo creo que pasa en estos casos es que el placer que nos supone distraernos con cualquier cosa y postergar aquello que debemos hacer es muy superior al dolor que nos supondría hacerla. Por eso no lo hacemos y decidimos postergarlo en el tiempo.

Pero claro, nuestro cerebro no procesa esta información de manera consciente, sino que necesita justificarlo de alguna manera —lo que se conoce como autoengaño.

Por eso te levantas al baño justo a los dos minutos de haberte sentado a estudiar o meriendas o llamas a tu padre para decirle que el gato te mira raro o, espontáneamente, te pones a hacer algo que antes también posponías pero que ahora resulta más divertido como limpiar la habitación… En definitiva, haces lo que sea con tal de no ponerte a estudiar.

Y aunque crea que casi todos los puntos que hemos visto anteriormente no explican el verdadero por qué de procrastinar (sino que más bien pienso que son justificaciones) sí que hay uno al que debemos prestar especial atención.

Y es el número 15: Procrastinas porque tienes el hábito de dejarlo todo para el final.

¿Acaso no te ha pasado?

La típica de dejarlo toooodo para el final.

Esto lo explica la Ley de Parkinson

Y no, no tiene nada que ver con la enfermedad, sino con Cyril Parkinson, un funcionario inglés que por 1957 enunció su propia ley atendiendo a una extraña correlación que le llamó poderosamente la atención: cuanto menor era la carga de trabajo mayor era la cantidad de empleados.

Y comenzaba su ensayo con la siguiente perla que cito textualmente:

“El trabajo crece hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización. Hay un proverbio inglés que muestra el reconocimiento general de tal hecho: «El hombre más ocupado es el que tiene tiempo de sobra». Así, una anciana ociosa puede perder todo el día en la tarea de redactar y echar al correo una tarjeta postal para su sobrina. Se pasará una hora buscando la postal, otra buscando sus gafas, media hora buscando la dirección, hora y cuarto en la redacción del texto y veinte minutos en decidir si llevar o no el paraguas para ir hasta el buzón de la calle de al lado. El esfuerzo total que a un hombre ocupado le llevaría tres minutos, puede así dejar a otra persona postrada tras una jornada de dudas, angustias y esfuerzo”.

Y todo esto podemos verlo de forma muy sencilla en el gráfico que nos muestra que cuanto menor es el tiempo del que disponemos, mayor es el esfuerzo que le dedicamos y, por el contrario, cuanto mayor es el tiempo disponible, menor es el esfuerzo.

Por eso, a falta de dos semanas del examen te matas a estudiar cuando lo que deberías hacer es repasar o descansar.

Pero bueno, que me adelanto. Cyril Parkinson enunció 3 leyes:

  1. El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización.
  2. El tiempo dedicado a cualquier tema es inversamente proporcional a su importancia.
  3. Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos.

1ª Ley de Parkinson

De la primera Ley ya hemos hablado. ¿O acaso no te suena eso de calcular el tiempo que vas a ir en tren sumado con que te vas a levantar una hora antes para estudiar lo que te entra en el examen de mañana que todavía ni has mirado?

2ª Ley del Parkinson

La segunda ley también es muy interesante y, sobre todo, te interesa si estás opositando.

Decía que el tiempo dedicado a cualquier tema es inversamente proporcional a su importancia.

Y, teniendo esto en mente dime, ¿Acaso no te pasas gran parte de tu tiempo en foros y chats que no sirven para absolutamente nada y que lo único que hacen es marearte con cosas como: si el examen va a ser en esta fecha o en esta otra, si un sargento de la academia no se cuál dijo que habían reservado las clases de la universidad pascual y el examen iba a ser cuando él dice o que el temario de no sé qué academia es el mejor y el que tú tienes es una patata?

Sí, hablo de ti. Sé que estás gastando tu preciado tiempo en cosas como ésta que te aportan poco o nada.

Sin embargo, ¿Cuánto tiempo has dedicado a entender de verdad cómo funciona tu cerebro a la hora de memorizar? ¿Cuánto tiempo has dedicado a estudiar cómo rendir al máximo bajo presión, cómo memorizar leyes en tiempo record o cómo fomentar tu imaginación?

Mucha gente dice que “no tiene tiempo para eso” y, precisamente esto pone de manifiesto que esas personas están, efectivamente, cumpliendo con la segunda ley de parkinson.

Por supuesto espero que si estás aquí, seas de los míos y estés invirtiendo tu tiempo (que no gastándolo) en afilar tu hacha lo máximo posible. De corazón deseo que sepas diferenciar lo verdaderamente importante de lo banal: tomando acción inteligente. Algo tan sencillo como puede ser suscribiéndote a este canal y activando la campanita de notificaciones.

Aprovechándote y estudiando cada una de las turbopídoras que te ofrezco de forma completamente gratuita para que tu consigas tus objetivos de una vez por todas.

3ª Ley de Parkinson

Y por último, la tercera ley de parkinson que trata tus finanzas personales y te va a ser muy fácil de comprender con esta simple pregunta: ¿Acaso no gastas más cuanto más ganas?

Pero no profundizaremos en ello ahora ya que da para otro vídeo.

Entonces, ahora que tienes todas las cartas sobre el tapete, que sabes que eres un pro pro o procastinador profesional, que sabes que la razón real por la cual haces esto es porque tu cerebro solo sabe de placer y dolor y que sabes que las 3 leyes de Parkinson juegan un papel fundamental en tu vida, ¿qué puedes hacer para incrementar tu productividad y poner fin de una vez por todas a esto?

Paso 1: Divide tus objetivos al mínimo detalle

Cuando tienes que ponerte a estudiar para un examen y te pones delante de tus apuntes, lo más normal es que toda esa maraña de papeles te disuadan del mero hecho de ponerte a estudiar. Tu cerebro recibe mucho dolor al pensar que tienes que estudiar 20 ó 30 temas para el examen.

Sin embargo, lo que te recomiendo que hagas a partir de ahora es centrarte en objetivos ridículamente pequeños. Cosas como un punto de un tema o, incluso, memorizar 2 ó 3 párrafos.

Y sí, ya te estoy oyendo decir ¡Bueno Jorge! ¡No seas ridículo! ¿Cómo voy a pensar en memorizar solo 2 ó 3 párrafos? ¡No puedo tener objetivos tan pequeños! Para eso no hago nada.

Y voy a adelantarme y responderte algo que respondió uno de mis maestros a una de sus alumnas.

Escenificación:
Maestro: Y dime… ¿qué hábito desearías poder incorporar a tu vida?
Alumna: Me encantaría poder salir a correr 3 veces por semana, pero soy incapaz.
Maestro: ¿Qué me dices de salir una vez a la semana?
Alumna: ¿Una vez a la semana? Eso no sirve para nada. Para eso no empiezo.

Es decir, prefiere fantasear con LA IDEA de ir a correr 3 veces por semana que de correr REALMENTE día a la semana.

Y en nuestro caso es lo mismo pero aplicado a los estudios: ¿no será mucho mejor memorizar perfectamente solo 3 párrafos que pretender que estudias leyendo por encima todo un tema sin retener absolutamente nada del mismo?

Paso 2: Establece fechas concretas y puntos de control

Es necesario saber en qué punto te encuentras en cada momento para poder hacer ajustes e ir optimizando tu estrategia en base a tu rendimiento.

Y esto es algo que yo personalmente utilizo en mi día a día —porque recuerda que todo lo que hablamos aquí en Turbo Memory, no solo es aplicable a los estudios sino que tiene unos usos increíbles en el resto de áreas de tu vida.

Y es que una de las claves que a mí más me ayudaron a pasar de pesar 103 kilos a 85 es tener que cumplir objetivos claros en unas fechas concretas junto con el establecimiento de puntos de control que me permitían saber si lo estaba haciendo bien, mal o si podía mejorar el proceso.

En este caso, mi objetivo era perder 15 kilos y, como era un objetivo demasiado grande, puse en práctica el paso 1 y me propuse el objetivo de perder medio kilo a la semana.

Una vez hecho eso, fui estableciendo esos puntos de control que me permitirían ajustar mi alimentación y entrenamiento. Por ejemplo, me proponía un peso y una buena apariencia en una fecha indicada. Llegado el día, me pesaba, me sacaba fotos, iba al nutricionista y comparábamos el progreso.

Esto lo que hacía era darme un chute total de motivación o una bofetada de realidad. Y fuera como fuera, las dos variables me potenciaban a seguir en el camino y a alcanzar mis objetivos.

Paso 3: Vincula la acción al placer

Tu cerebro no es tonto y puede que lo engañes una vez pero dos no.

O sea, si cuando le dices a tu cerebro: “venga va, a estudiar una hora más y después me voy a correr o a tomar un café con María” y al conseguirlo, en lugar de hacer lo que te prometiste, te flajelas con estudiar una hoja más, la estás cagando.

Estarás vinculando estudiar con un dolor increíble, pues no te estás dando el premio que, efectivamente, te has ganado.

Por eso, debes de aprender a festejar las pequeñas victorias y asociarlas a alguna especie de premio. No digo que cenes langosta todos los días que memorices un tema, pero sí que puedes hacer algo especial como dar un paseo con esa persona que llevas tanto tiempo sin ver por culpa del estudio, darte un capricho comiendo después de estar toda la semana a dieta, tomarte un vino, irte a un spa, darte un masaje, y un sinfín de premios más que se me ocurrirían.

De esta manera, estarás creando un vínculo muy poderoso en tu subconsciente: estudiar igual a placer.

Rompiendo por completo con el que vínculo tan negativo que, muy probablemente, tengas creado: estudiar igual a frustración, dolor, decepción, soledad, etc.

Eso sí, esto no ocurrirá de la noche a la mañana, pero te garantizo que si empiezas a aplicar este principio desde ya, muy pronto empezarás a ver el estudio con otros ojos, te empezará a gustar, comenzarás a disfrutar, te premiarás y si aplicas todas las turbopíldoras de este canal, verás que empezarás a memorizar mucho más rápido en menos tiempo, lo que hará que te guste más y empieces a entrar en un círculo virtuoso y superpotenciador de estudio.

Alright! El contenido que subo a este canal es de la máxima calidad y sinceramente creo que cada turbopíldora, desde la primero hasta la última, vale su peso “en gigas” en oro. Por lo que sólo con visualizarlas y ponerlas en práctica te será más que suficiente para aprovecharte del efecto compuesto y potenciar tus capacidades.

Pero si de verdad vas en serio y quieres tener una transformación real de tus sesiones de estudio para obtener tu plaza o aprobar ese examen que tanto temes en tiempo récord, suscríbete a esta página.

¡Nada más! Aquí te dejo otra joyita que podría interesarte… Y, recuerda, nos vemos aquí, en Turbo Memory: tu memoria, tu mejor arma.

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