Pensamientos Intrusivos: ¿Qué son y cómo gestionarlos?

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Un vídeo en negro

Lee esto sólo si realmente quieres simplificar tu vida

#Turboestudiante… Hoy no te voy a pedir que te suscribas ni que te quedes hasta el final del artículo ni nada de eso, ya que hoy vengo a hablarte de algo muy personal. Algo que me he guardado durante 27 años y que sólo unas pocas personas saben de mí.

Y no te voy a pedir que te quedes hasta el final por una sencilla razón: Esto que te tengo que decir sólo merecerá la pena si “alguna vez te has sentido así” o si tienes una mentalidad abierta.

En caso de no reunir ninguna de estas dos características necesarias, tendrás que verlo desde un punto de vista bien diferente. Desde uno de los sentidos más desgastados por el ser humano en estos tiempos… Ya que ahora parece que lo único que importa es enseñar al mundo lo feliz que estás siempre de postureo con tu última foto de Instagram.

Porque claro, en tu mundo, la palabra “problema”, al parecer, no existe. Pues, en este caso, el sentido más desgastado del que te hablo, no es más que la empatía.

Eso sí, si no te has sentido nunca como estoy a punto de confesarte; no eres de mentalidad abierta o no tienes capacidad de empatía, te diría que cambies de artículo directamente porque esto no es para ti.

Y sí turboestudiante, me has enviado muchos emails, whatsapps y comentarios diciendo que una de las frases más importantes de mi vídeo especial 1000 suscriptores —por no decir la que más te ha marcado— es: —Deja de ser indestructible y comienza a ser imparable.

Si no has visto este vídeo, te recomiendo que lo veas antes, ya que están estrechamente relacionados.

¿Ya lo has visto?

¿Has identificado la frase: «No seas indestructible y comienza a ser imparable»?

Entonces, dime: ¿Qué significado crees que tiene?

En mi opinión, el problema es que, desde que tengo uso de razón, parece que nuestras vidas están bombardeadas por el «fenómeno crack», «el milagro de la perfección».

Te pongo un ejemplo:
Puede que conozcas a ese chico o chica que aparentemente tiene una vida perfecta y trabaja para una gran multinacional. Va de punta en blanco y tiene un ligero aire de superioridad frente al resto de compañeros. No importa si es becario o jefe: su actitud es la misma, independientemente de su puesto.

Puede que ese trabajo esté lejos de hacerle feliz, pero sólo con el hecho de poder decir que trabaja para esa empresa, le vale.

Seguramente todo esto oculta que su vida personal es escasa, e incluso pobre, aunque jamás mostrará su descontento y sus ganas de cambiar, de dar un giro radical a su vida en busca de su verdadero bienestar. En busca de conectar con su esencia. ¿Te va sonando más este perfil?

Yo personalmente me lo he encontrado numerosas veces a lo largo de mi carrera deportiva, profesional y personal.

Su misión principal es, ante todo, mostrar cómo reluce la chapa de su Ferrari… pero… ¿de verdad eso es un Ferrari?

¿Qué pasa si escarbamos un poco? ¿Si golpeamos un pelín la chapa? ¡Uy! Parece que hay algo oxidado. O peor aún… debajo de lo que aparentaba ser un Ferrari… ¡¡Hay una cirila negra y oxidada!!

—OH MY GOD!!!

Esto es ser destructible. Porque sí, turboestudiante: eres destructible. Siempre habrá alguien más listo, más deseado, más hábil, más inteligente, más fuerte o más rápido… Así que creerte indestructible no es la mentalidad que más te conviene. Más bien todo lo contrario.

Ser imparable consiste en aceptar y, sobre todo, en estar orgulloso de esa cirila llena de óxido, abollones y golpes que, pese a todo, rebosa de gasolina.

Ésa que, de una manera u otra, siempre llega a su destino. Despacio, con altibajos, pero inevitablemente te lleva del punto A al punto B. Gracias a que acepta sus imperfecciones sin necesidad de adornarlas para intentar agradar al personal.

¿A qué viene todo esto?

Esto ha surgido en respuesta al vídeo que recientemente subió “Tri-line” titulado:

Un vídeo en blanco

Donde habla del reciente suicidio de Ronnie Edwards y en el que muestra algunas imágenes del sorprendente suicidio del cantante de Linkin Park “Chester Bennington” entre otras muchos hechos sensibles y delicados.

En este vídeo se puede ver cómo estas dos personas describen sentimientos comunes y los describen diciendo cosas como: —Sólo yo sé lo que pasa por mi cabeza— o —Mi cabeza es un mal vecindario donde no debería estar solo.

No voy a decir que sé a ciencia cierta de lo que están hablando porque no he estado en sus cabezas. Pero no he podido evitar responder porque, sinceramente, las sensaciones que acompañan esta descripción de sentimientos las conozco de primera mano. Las he vivido desde que tengo uso de razón. Y recuerdo que, cuando yo me encontré en esa situación, tenía miedo de expresar o compartir lo que le “pasaba a mi cabeza” por miedo a lo que pudieran pensar de mí mis seres queridos.

Sin embargo, algo me dice que no soy el único, ¿me equivoco?

No, no hace falta que lo admitas en público. Con que lo aceptes contigo mismo, me vale. Porque sé que a muchos de vosotros os pasa lo mismo.

Lo que pasa es que, como ser vulnerables es algo que se puede pagar muy caro, nadie se atreve a compartir sus trapos sucios. Como consecuencia, se mantiene en la oscuridad un tema tan peliagudo. Esto, no nos ayuda en absoluto a saber cómo gestionar este tipo de situaciones.

Si no hablamos de este tema, manteniéndolo en la caja de los temas tabú… ¿cómo pensamos encontrar soluciones?

Es más, ¿Cómo vamos a ayudar a nadie?

¡O mejor dicho! ¿Realmente pretendemos ayudar o sólo se trata de quedar bien en la foto?

Por eso te quiero hablar de los pensamientos intrusivos.

Los pensamientos intrusivos no son más que pensamientos NO DESEADO e INVOLUNTARIOS.

Pueden ser imágenes o ideas desagradables que aparecen de repente y no quieres que estén ahí.

Normalmente suceden cuanto más te gusta algo y las hay de todo tipo: blasfemos, agresivos, sexuales…

Por ejemplo: puede que estés con una persona a la que quieres muchísimo, pongamos, en la azotea de un edificio, en un balcón, mirando en un acantilado o cruzando un puente y, de repente, sin venir a cuento, como si de un flash se tratase, en tu cabeza aterriza un pensamiento: —¿Qué pasaría si la empujara? Seguido del pensamiento: —¿Pero qué pasa con mi cabeza?

Otro ejemplo puede ser, imaginarte arrojándote a las vías del metro… O imaginarte que haces una auténtica locura con el cuchillo que acabas de coger para cortar el pan. Es más, incluso puede ser que te vengan imágenes de cómo fuerzas a una persona a quien admiras y respetas profundamente.

¡Definitivamente estás de psiquiátrico…! ¿O no?

Dime una cosa: —¿Te resultan agradables estos pensamientos? No… ¿verdad?

El problema no está en el pensamiento en sí sino en lo que viene después.

Porque tú te consideras una persona con unos valores y una ética que nada tienen que ver con esa clase de pensamientos que “parecen tuyos”.

Y piensas: —Si quiero con todo el amor de mi corazón a mi pareja, ¿Por qué me viene a la mente, de repente, que la tiraría al vacío?

O… —¿Si no tengo ninguna preocupación en este momento, por qué pienso en tirarme a las vías del tren o clavarme este cuchillo?

De igual forma concluyes: —Si admiro tanto a esta persona, ¿por qué tengo imágenes intrusivas forzándola en contra de su voluntad?

Como ves, el razonamiento lógico te lleva a la conclusión de que, si tienes ese tipo de pensamientos, entonces será que eres una asesina, un agresor o, cuanto menos, estás para encerrar en el manicomio, ¿no?

Por esto mismo y porque no te identificas con estos pensamientos intrusivos, tu respuesta natural será LUCHAR contra ellos para tratar de evitar que vuelvan.

Pondrás todo tu énfasis, pero te darás cuenta de que, cuanto más luchas contra ellos, éstos se vuelven más fuertes, se repiten cada vez más en el tiempo, aparecen con más brillo, con más fuerza, cada vez más reales y, en definitiva, cada vez te torturan más.

Antes de contarte cómo solucioné este tipo de situaciones, quiero decirte que la técnica que utilizo, no sólo te servirá para este tipo de pensamientos, sino también para acallar esa vocecilla que te está repitiendo continuamente —y bombardea incansablemente— con afirmaciones limitantes como:

—No lo conseguirás.

—No te sacarás la plaza.

—No vas a aprobar.

—Ya sabías que no ibas a poder—, y miles más.

Paso número 1.

No eres tus pensamientos

Interiorizar esta frase cambió mi vida y espero que cambie la tuya. NO ERES TUS PENSAMIENTOS.

Un pensamiento es simplemente, eso: un pensamiento. Nada más.

Sin embargo, si crees que este pensamiento forma parte de tu realidad, entonces cobrará vida y te destruirá.

En el momento en el que les das credibilidad, empezarás a luchar contra ellos y “lo que se resiste persiste”.

Si te sientes atacado por algo inmaterial y sin valor real —como es un pensamiento—, le estás cediendo todo tu poder. Y luchar contra algo que no existe es como tratar de romper un muro de acero a cabezazos: no tiene sentido.

Piensa que eres tú y sólo tú el único que le da fuerza a ese pensamiento. Si no te apegas a él, se desvanecerá.

Por lo tanto, interiorizar este principio es clave: No eres lo que piensas.

Así que acepta todos los pensamientos que recibas como lo que son: simples pensamientos. No les des fuerza, no les des vida.

Ya lo decía Séneca:

A menudo estamos más asustados que heridos, y sufrimos más en nuestra imaginación que en la realidad.

Y me consta que Séneca algo sabía de todo esto.

Paso número 2.

Reencuadra tus emociones

Una vez interiorizado el punto 1 —no eres tus pensamientos— , lo que harás será controlar tu foco conscientemente y poner toda tu energía en el efecto contrario a tu pensamiento: la intención positiva.

Por ejemplo:
Supongamos que tú y tu mejor amigo os presentáis a la misma oferta de trabajo y es él quien supera la entrevista. Cuando lo sabes, te das cuenta de que, en lugar de alegrarte por él, sientes una envidia que te corroe por dentro…

Lo primero, como ya sabes, es no juzgar estos pensamientos —en este caso, de envidia—. Están ahí pero no te vinculas a ellos. Tú no eres tus pensamientos.

Y ahora que no te identificas con esa emoción, céntrate en la emoción contraria —que no es, ni más ni menos, que la intención positiva.

Como es evidente que no te gusta el pensamiento de egoísmo que te inunda, pregúntate: —¿Qué tiene de bueno que me cause rechazo este pensamiento de envidia? Lo que te llevará a deducir que sabes que deberías de alegrarte por tu amigo.

Como, al parecer, no es lo que sientes, reencuadrarás tus emociones en sentido opuesto. Esto es: dándole más amor.

¿Qué puedes hacer para sentir lo contrario? Pensar únicamente: ¿qué tiene de bueno que tu amigo haya obtenido ese trabajo?

¡Piénsalo bien! Tu amigo ha conseguido un trabajo genial. ¿No deberías alegrarte por ello —si no fuera porque tú también lo querías?

Pues para gestionar bien estas sensaciones “negativas” vas a felicitarle lo mejor que puedas por su triunfo, proporcionándole todo el cariño y el amor que puedas. Por pequeño que estos sean. A fin de cuentas, mejor él que cualquier otro desconocido, ¿no?

Siguiendo con el ejemplo anterior de las vías del tren:
¿Qué tiene de bueno que me cause rechazo pensar en tirarme? En el fondo, tú y yo sabemos que este pensamiento no te pertenece. Se trata simplemente de un pensamiento intrusivo. Conforme ha venido se irá gracias a que reencuadrarás tus emociones en la intención positiva.

Es decir, en este caso aprovecharás el rechazo a arrebatarte la vida para aferrarte a tus ganas de vivir, a tus proyectos de vida, a tus ganas de progresar, a todo lo que te queda por compartir con tus seres queridos, etc.

Puede que las primeras veces que pongas estas dos claves en práctica, te sientas algo artificial o no termines de creértelo. Es normal, lo nuevo no tiene por qué parecernos familiar. Pero te aseguro que cuanto más practiques estos dos pasos, más natural te resultará y toda la ansiedad que te generaban esos pensamientos intrusivos, desaparecerá, poco a poco, hasta desvanecerse por completo.

No obstante, y puesto que todavía sigues aquí. Quiero compartirte un último recurso que te servirá, no sólo al principio de aparecerte estos pensamientos intrusivos, sino cuando te encuentres sumido en esos momentos de crisis que parecen una espiral negativa de pensamientos.

Este recurso se llama…

Ridiculus Totalus

Sí, turboestudiante, ya se que suena a un hechizo de Harry Potter y es que está inspirado por una de sus películas, concretamente la del Prisionero de Azkabán.

Concretamente en la escena donde todos los alumnos de Hogwarts tienen que anular a unas criaturas llamadas Boggarts. Éstas tienen una particularidad y es que se alimentan de tus partes más oscuras, de tus debilidades, para acabar tomando la forma de tus mayores miedos, de tus demonios más temidos.

Y adivina qué: la forma de acabar con un Boggart es “ridiculizándolo”. Es decir, una vez el Boggart toma la forma de tus miedos, debes imaginar estos miedos de la forma más ridícula posible.

¿Curioso verdad? Pues lo más curioso es que funciona.

Por ello, lo que harás a partir de ahora, a parte de interiorizar el punto 1 —no eres tus pensamientos— y el punto 2 —reencuadra tus emociones—, será continuar con la historia intrusiva que ha surgido en tu mente ridiculizando o parodiando el final.

Siguiendo con el pensamiento intrusivo de forzar a esa persona que amas y respetas profundamente: Supongamos que, conforme la estás forzando, esa persona empieza a hacerte cosquillas para defenderse. Las cosquillas son tan tremendas que no puedes parar de reírte y revolcarte… Así que, te resulta imposible forzarla.

O, conforme la historia intrusiva de tirar a tu «churri» por el acantilado aparece, te das cuenta de que tienes la fuerza de un niño de 2 años, no la puedes ni mover y cuando te miras, ves que llevas los pañales meados.

¿Te parecen tan intrusivos estos pensamientos ahora? 😉

En resumidas, como ves, aplicar estos 3 puntos hará que cualquier ansiedad que pueda surgir de esos pensamientos intrusivos disminuya, antes o después, hasta desaparecer.

Porque, una vez más, esto no va de ser perfectos ni de aparentar tener la chapa de un Ferrari que, en realidad, esconde un escarabajo roto.

Si alguna vez has tenido este tipo de pensamientos, espero que apliques estos puntos:

  1. No eres tus pensamientos,
  2. Reencuadra tus emociones y
  3. Ridiculízalos,

Para dejar el sufrimiento atrás en tu vida y evitar, en la medida de lo posible, que se repitan casos como los mencionados en el vídeo de “Tri-line” titulado: “un vídeo en blanco”.

Nada más. Como te he dicho al principio, remarcar que este artículo no es para ganar suscriptores ni para que le des a like, ni para que lo compartas ni nada… a menos que sepas que le puede aportar a alguien de tu entorno

Si estás en una situación como ésta, espero que este artículo pueda ayudarte. Un fortísimo abrazo de servidor, Jorge Cuervo, y te veo en el próximo artículo.

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