Cómo estudiar al volver de las vacaciones para petarla

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¿Te gustaría...

  • Tener en audio la Constitución Española, la Ley 39/2015, la Ley 40/2015 o el TREBEP?
  • Tener el esquema de los Plazos de la Ley 39/2015 y, también de las Fases del Procedimiento Administrativo Común?
  • Tener el Ebook: Los 3 pilares para sacar tu plaza?
  • Tener los 2 RAPs de la Constitución Española?
  • Y mucho más...?

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Los 2 errores que debes evitar para triunfar

Seamos sinceros, siempre que empiezas el curso académico en septiembre estás como una moto, con los niveles de energía por las nubes pero, al cabo de dos o tres semanas, todo se esfuma y vuelves a maldecir cada día de estudio, ¿verdad?

Y siempre te pasa lo mismo. Además, es la misma historia cada año. Ahora es porque vuelves de vacaciones pero, ¿qué me dices de los propósitos de año nuevo?

Te pasas siempre los últimos meses del año pensando en lo que quieres conseguir para el año siguiente. Y da igual si lo que quieres es aprobar tu oposición de una vez por todas, hablar inglés, dejar de fumar o ponerte en forma porque, en el mejor de los casos, empezarás esta nueva actividad pero, cerca de marzo o abril, las fuerzas flaquean y siempre terminas dejando aquello que habías empezado.

Con el estudio pasa igual. Ahora puede que te sientas con las pilas cargadas a más no poder pero si no cambias, al final el resultado será otra vez el mismo: pincharás a medio camino.

Y como le atribuyó la escritora Rita Mae a Einstein:

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes.”

Por eso, hoy quiero compartir contigo los dos errores que más te están lastrando. Si dejas de cometerlos, hará que multipliques tus resultados desde el primer momento. Pero lo más importante es que si lo haces bien, estos resultados no sólo se mantendrán en el tiempo, sino que mejorarán conforme lo vayas implementando en tus sesiones de estudio. Es algo que te beneficiará a corto y largo plazo, especialmente si estás estudiando algo tan sofisticado como una carrera, un máster o una oposición.

Por eso, si quieres empezar un Septiembre con una preparación increíble para obtener resultados de una vez por todas, presta mucha atención porque, ¡Empezamos!

Turboestudiante lo primero de todo, quiero darte la bienvenida una vez más a este canal. Si eres nuevo aquí, mi nombre es Jorge Cuervo, fundador de turbomemory.es y altorendimientoacademico.com (qué, por cierto, tenemos algo cociéndose por ahí) y durante los últimos años he consagrado mi vida a hacer que tú consigas tus objetivos: sacar la plaza de tu oposición o aprobar ese examen en tiempo récord y, muy importante, disfrutando del proceso.

Y si ya me conoces y tienes veteranía en el canal también te doy una calurosa bienvenida y, de verdad, espero que hayas tenido unas vacaciones increíbles.

Por supuesto que después de estar tantos días desconectado, no es nada bueno ponerse a tope con los estudios. Pasar de 0 a 100 en poco tiempo no es nada aconsejable (de hecho ésta es una de las causas más comunes del estrés post vacacional).

Si somos realistas, lo más probable es que, aunque reboses energía, después de estar unos días fuera de cobertura con pocas tareas que hacer más que la de ponerte crema para no quemarte, al volver te encuentres de nuevo con una pila de apuntes y esquemas que no sabes ni por dónde coger.

Al verlos puede que empieces a sentir ansiedad y todos los miedos que se habían ido mientras estabas tostándote al sol estén volviendo a aparecer para quedarse… ¿No sabes muy bien qué hacer?

Te entiendo. Si me sigues desde hace tiempo, sabrás que aquí en Turbo Memory no nos gusta dejar absolutamente nada al azar. Más bien todo lo contrario. Confiamos en tener un sistema, un método y una estrategia escrupulosamente diseñada para que ésta nos lleve al éxito inevitablemente (y casi sin darnos cuenta).

Planificación y concentración.

Y aquí, curiosamente, en el punto más importante, es donde el 99.9% de la gente falla.

Esto significa que, a menos que seas yo (el 0.01%) estás cometiendo este fallo… (broma, broma: yo también me incluyo… Aunque trato de aplicar lo que predico.)

Y es que sé que tu intención no es no obtener resultados sino que estás cometiendo estos dos errores garrafales:

Te crees demasiado ocupado con demasiadas cosas que hacer como para implementar un plan. Crees que ese plan es una tarea más que te añadirá más carga lectiva y que es mejor obviar. ¡Craso error! Además, esto te llevará al segundo error garrafal:
Estás ignorando pequeños cambios que, aplicados consistentemente en el tiempo, multiplicarán tus resultados.

El primer error me recuerda a un relato al que he hecho alusión en algunos otros vídeos con anterioridad.

Se trata de la historia de Agustín. Agustín era un joven fornido y diestro con el hacha, pero de pocas palabras.

Era Morciniego, es decir, vivía en Santolaya, o como es conocida en Asturias: Santa Eulalia, que es la capital de Morcín: un concejo situado en el norte de España con una población de 556 habitantes.

Allí vivía junto a sus dos padres y su hermana mayor y, lejos de gustarle leer, teorizar sobre física cuántica o filosofar sobre el sentido de la vida y el calentamiento global (como le encantaba a hacer a su hermana La Jarta), su mayor pasión era “meterle hachazos a los árboles”.

Esto impedía que su hermana La Jarta, qué sí que era una ávida devoradora de libros y le encantaba estudiar e, incluso, era ingeniera agrónoma, forestal y aeronáutica pudiera disfrutar de conversaciones estimulantes con su hermano, sus padres o cualquier vecino. Por eso pasaba la mayor parte de su tiempo trabajando en el ordenador para un par de multinacionales extranjeras y soñando con encontrar a alguien con quien, físicamente, en persona, poder compartir soluciones fascinantes para la evolución de la humanidad.

Agustín en definitiva, era un fanático de “meter hachazos” y resultaba muy útil para su familia ya que siempre se encargaba, voluntariamente, de recoger leña. Y quiero que te fijes en que no he dicho “talar árboles” sino que me he centrado en el hecho de “meter hachazos” ya que es importante para entender el relato.

Como ya sabrás, en los pueblos la reputación es lo primero que se conoce de todo el mundo y en Morcín no iba a ser menos. Así que Agustín, a unos días de cumplir sus 18 años, era conocido como Tor. Esto era debido a la fuerza con la que era capaz de golpear con su herramienta. Y te preguntarás: ¿Pero Tor no usa un martillo en lugar de un hacha? Y yo te respondo: -Buena pregunta, pero no te adelantes a los acontecimientos...

Entre tanto y para que entiendas la importancia de Morcín, personajes famosos como Vicente Del Bosque o Miguel Bosé fueron nombrados cofrade de honor del nabo. Una cofradía de los amigos del nabo que reside en La Foz, galardonado con el premio Pueblo Ejemplar y perteneciente al concejo de Morcín. Y, como anécdota, Michelle Obama exprimera dama de los EEUU y mujer de Barak Obama expresidente de los EEUU también recibió la invitación para ser embajadora de la Cofradía Nabos de Foz, aunque todavía no ha accedido.

Bien, siguiendo con la historia principal, a los pocos días Agustín cumplió los 18 y con ellos su mayoría de edad por lo que el concejal de Santolaya se encargó de que la mejor empresa de maderas de todo Morcín, Maderas Morcín, le proporcionara su primer trabajo. Maderas Morcín conocía muy bien de la excelente reputación de Agustín y por ello le equiparon con el mejor hacha de toda la empresa. También le explicaron en qué zona debía talar los árboles y, para ofrecerle las mejores condiciones, le ofrecieron un manual de uso de la herramienta.

Agustín se quedó un poco extrañado por la forma del hacha. Por uno de los lados era muy similar a las que siempre él había usado, parecida al martillo de Tor, pero la otra parte era mucho más fina. Podía acabar resultando peligrosa. A pesar de eso, no miró las instrucciones y fue directamente a buscar la zona a la que debía ir a talar.

Raudo y veloz, se dirigió al lugar y se precipitó a meter hachazos a los árboles indicados. Los árboles eran de una madera excelente y eso le resultó muy estimulante. Tanto que cortó el primer día, nada más y nada menos que, 18 árboles.

Al acabar la jornada el jefe le felicitó y le dijo que si seguía así tendría un excelente futuro.

Envalentonado por esas palabras, al día siguiente tenía todavía más motivación que el anterior y trabajó mucho más duro. Sin embargo y para su propia sorpresa, solo pudo cortar 15 árboles.

El jefe entendió que el cansancio había hecho mella pero aún así estaba contento con el resultado. El resto de trabajadores no superaban los 10 árboles. No así, Agustín, estaba algo decepcionado y, tras una cena poderosa y reconfortante se echó a dormir y descansó como nunca antes. Se acercaba su tercer día y quería superar su récord personal de 18 árboles. Sin embargo sólo pudo cortar 10. El cuarto día fueron 8 y el quinto sólo fue capaz de cortar 6 árboles.

Se fue a casa confundido. Su hermana, La Jarta, al verlo pensativo se extrañó y fue a hablar con él. Pero Agustín era un joven de pocas palabras y con un gesto de “estoy cansado” concluyó el intento de su hermana.

Al finalizar el sexto día, Agustín avergonzado por su rendimiento le pidió disculpas a su jefe y le dijo que no entendía nada ya que se estaba esforzando tanto o más que el primer día y, sin embargo, cada vez eran peores los resultados.

En el cómputo global, el rendimiento de Agustín había sido bueno por lo que, Panolo, el jefe de Maderas Morcín tenía cosas más importantes de las que preocuparse. Así que le dijo que descansase ese domingo y que volviese fresco para empezar la siguiente semana.

Agustín llegó a casa muy triste. Tanto que casi le salían las lágrimas. ¿Sería un impostor? ¿Sería un farsante? Quizá había estado talando árboles de segunda categoría y los de ahora eran de primera y él no estaba a la altura… Pero es que el primer día lo había hecho impresionante.

Su hermana La Jarta al ver a Agustín entristecido, se acercó y le abrazó en silencio. Fue entonces cuando le contó lo que pasaba. Era la primera conversación que mantenían en años y ella, con un inmenso amor de madre le fue preguntando sobre la situación hasta que dio con la clave.

Agustín siempre había tenido un hacha muy rudimentario y que él mismo había construido. El nuevo hacha le era poco familiar y, en lugar de haber estado usándolo por la parte más afilada la había usado por la parte “inútil” que era la que más se parecía a la de su hacha (que era más parecido a un martillo que a otra cosa).

Con mucha paciencia y mimo trató de explicarle la situación a su hermano. No fue fácil ya que Agustín era un poco cabezota y no terminaba de entender lo que Jarta le explicaba.

Cuando por fin lo entendió pensaba que Jarta le estaba tomando el pelo. Por lo que se enfadó con ella y juró no volver a hablar con ella.

Sin embargo, La Jarta, en una demostración infinita de amor y paciencia le dijo que, por favor, probara su teoría de inmediato y que si estaba equivocada o le estaba tomando el pelo que no volvería a molestarle.

A Agustín, por un momento, se le encendió la bombilla y pensó: -Pues también es verdad. ¿Por qué no lo compruebo antes de enfadarme sin estar seguro del todo?- Pero en un instante se imaginó a su hermana grabándole con el móvil talando árboles de esa manera y burlándose de él en todo el mundo subiendo el vídeo a Youtube.

Agustín era un poco… vamos a decir “desconfiado”.

Jarta flipó cuando su hermano le contó de malas maneras lo que le había pasado por la mente y le respondió con mucho amor pero algo confundida: -No te preocupes, no tienes por qué hacerlo delante de mí. Incluso no tienes por qué hacerlo ahora. Puedes probarlo el lunes al empezar tu jornada y si no te convence vuelves a tu rutina. No tienes nada que perder.

Agustín encontró razonable la reflexión y, algo menos enojado, se marchó a cenar y dormir.

Por lo que durante todo el domingo siguió dándole vueltas al tema y no pudo esperar al lunes. Probó a talar un árbol por la parte afilada del hacha y, para su sorpresa, pudo cortarlo con muy pocos hachazos.

Se quedó tan sorprendido y contento que volvió corriendo a casa y se abalanzó sobre su hermana para abrazarla muy fuerte. Jarta se llevó un susto de muerte pero pronto lo entendió todo y le devolvió el abrazo con la misma fuerza.

Ese lunes, Agustín tenía un nuevo brillo en su mirada. Panolo, su jefe, lo notó distinto y le preguntó: -¿Todo bien?-. Agustín asentó con la cabeza con mucha calma y determinación. Acto seguido Panolo ordenó que empezara la jornada de trabajo.

Al finalizar el día, Agustín había talado 135 árboles. Todos en la empresa quedaron atónitos.

No se lo podían creer. Entonces Panolo le preguntó que cómo lo había hecho. Agustín se quedó callado por unos momentos y pensó que si les contaba la verdad pensarían que era idiota así que contestó que había descansado adecuadamente el domingo.

A partir de entonces, cada día talaba entre 130 y 150 árboles al día. O sea, más de 15 veces más que sus compañeros.

Sus compañeros estaban acojonados porque pensaban que acabarían despidiendo a gente. Pero, por suerte, Maderas Morcín no era un empresa que se moviera sólo por el dinero y respetaba a las personas así que… En lugar de eso hizo que de vez en cuando fueran algunos compañeros a trabajar con él y aprender de su técnica.

Todos estaban contentos y asumieron que Agustín era un fuera de serie y que nunca podrían cortar como él pero que sí podrían mejorar sus capacidades.

Sin embargo, con el tiempo empezó a sucederle algo similar. Mientras que sus compañeros pasaron de talar cerca de 10 árboles a casi los 30 al día, él pasó de los 140 a los 50.

Una vez más no entendía que podía estar pasado… Durante los últimos meses había ido bajando el número de árboles gradualmente hasta quedarse casi a la par que sus compañeros. Él pensaba que se debía al tiempo que le llevaba dar consejos a sus compañeros pero lo cierto es que no era ése el problema y lo comprobó un día que se dedicó en cuerpo y alma a talar.

Una vez más estaba triste… Ezequiel, el trabajador con los resultados más bajos que tan sólo alcanzaba los 20 árboles, se percató de su estado y fue a preguntarle.

¿Qué te pasa Agustín?- le dijo.

Agustín lo miró con escepticismo y le dijo: -¿Pretendes ayudarme? Pero si no eres capaz de talar más de 20 árboles al día.

Ezequiel sonrió ampliamente y le dijo: -Hombre, teniendo en cuenta que sólo empleo 2 horas al día a talar, tampoco está tan mal, ¿no?

¿Cómo?- Respondió Agustín -¿20 árboles en 2 horas?-
Así es- asintió Ezequiel.
¿Y cómo es que no talas 200 árboles al día o más?- Preguntó Agustín.
Pues porque no quiero que me pase como a ti- respondió Ezequiel.
¿Qué quieres decir?
Pues por dos motivos: el primero es que no quiero quemarme más de la cuenta. No es necesario talar tanto en un día, yo siempre soy constante cada día talando 20 y eso hace mucho más en el largo plazo que matarme cada día hasta que reviente… como parece tu caso.
¿Quieres decir que podría pasarme factura este exceso?- Preguntó Agustín. Ezequiel mantuvo su mirada en silencio. No hacían falta palabras para afirmar.
Ezequiel continuó: -El segundo motivo es que te estás olvidando el factor más importante.
¿Cuál es el factor más importante?
Afilar el hacha.
¿Afilar el hacha? Estás loco… No tengo tiempo para eso. Tengo que cortar todos los árboles que pueda en mi jornada laboral.

Ves las moralejas. Por un lado, que tengas resultados no significa que estés haciendo las cosas de la mejor forma posible. La motivación puede ayudarte en el corto plazo… pero poco más.

Por el otro, no basta con encontrar un método “que funciona” y no optimizarlo, podría quedarse obsoleto o, lo más seguro, acabar dejando de estimularte y ofrecerte peores resultados.

Lo ideal es ir perfeccionándolo e invirtiendo recursos en el sistema para que te dé los mejores resultados cada día.

Por eso, lo primero que debes hacer después de tu vuelta de vacaciones es pensar en cómo mejorar tu método y cómo mantenerlo “afilado” mentalmente para rendir a toda máquina sin quemarte durante el tiempo que necesites para conseguir tus objetivos.

Olvídate de pensar en estudiar como un loco. Más bien comienza a pensar en cómo podrías memorizar mucho más contenido en la mitad de tiempo.

Que por cierto, debido a los cientos de mails que nos habéis enviado pidiéndonoslo, hemos abierto durante un tiempo muy limitado las matrículas a nuestro Curso de Alto Rendimiento Académico. Soy consciente de que estamos a la vuelta del verano y que tú, que me estás viendo, te mueres por empezar el año académico al máximo para conseguir tu objetivo de una vez por todas. Por eso, si de verdad vas en serio y quieres conseguir aprobar ese examen o conseguir tu plaza en tiempo récord, regístrate en turbomemory.es y presta mucha atención a tu correo, ya que sólo por esa vía te informaremos sobre todo lo referente al Alto Rendimiento Académico.

Como decía, debes dejar de contar las horas y pasar a hacer que las horas cuenten. Pon tu foco en tu rendimiento memorizando temario y no en el tiempo que pasas mirando al temario. O sea, es que es mucho más poderoso decir que has memorizado el tema 1 en 45 minutos a decir que te has pasado 7 horas en el centro de estudios. Y aunque esto suene de locos, mucha gente se llega a autocomplacer solo con el hecho de pensar en la cantidad de horas que ha pasado en la biblioteca.

(caricaturizar la escena: Hey Agustín hoy he pasado 32 horas en la biblioteca, ¿y tu?)

El segundo error es uno que, desde luego, marca la diferencia a todos los niveles. Además, este punto es de mis preferidos ya que soy un auténtico fan de implementar pequeños cambios que provocan resultados desorbitados en mi vida.

Ya puse un ejemplo conmigo mismo enseñando cómo perdí 15 kilos en apenas unos meses. Muchos pensarán que para conseguirlo hice cambios drásticos y que me encerraba durante horas en el gimnasio. Sin embargo, como te comenté en este vídeo, el proceso fue muy diferente. Simplemente con aplicar pequeños cambios en mi rutina diaria me bastó. Eso sí, siempre basándome en la máxima de que tanto tu cerebro como el mío solo sabe de dolor y placer.

Por eso quiero que cobres consciencia de la importancia de los pequeños hábitos ya que generan lo que se conoce como: Efecto compuesto.

Para comprender la potencia de todo esto debes salirte un poco de los esquemas que te has creado y coger perspectiva de lo que estás haciendo.

Bajo ningún concepto debes cometer el error de nuestro leñador Agustín y estar sólo obcecado con la tala de árboles. En su lugar debes intentar abrir tu mente, salir fuera de esa caja llamada normalidad y, con perspectiva, tomar decisiones inteligentes que te potencien.

Para que lo veas con un ejemplo.

No es ningún misterio saber que tener una buena salud financiera es algo que te permitirá vivir con menos preocupaciones, menos estrés y, en definitiva, te acercará más a aquello que deseas.

Y ojo, es muy importante recalcar que hablo de tener buena salud financiera. No de ser millonario. O sea que si estás pensando en que te voy a contar el secreto para conseguir tirar el dinero por la ventana en plan “Bitch better have my money…” cambia de canal, porque no es el caso.

Lo que sí te puedo decir es que llevo formándome sobre estos temas desde que tengo 17 años y, algo en lo que todos los expertos en este campo coinciden es que una de las acciones que te permitirán conseguir esa salud financiera es invertir.

Y ya te puedo ver echándote las manos a la cabeza diciendo que para invertir tienes que tener dinero y eso es de ricos y que es algo muy complicado al alcance de solo unos pocos.

¿En serio? Puedes comenzar a invertir con apenas 50 euros al mes (o incluso menos) como yo hice.

Eso sí, para obtener resultados debes ser constante y hacerlo cada mes. ¿Recuerdas a el leñador Ezequiel? Pues eso. En este caso, cada vez que llegue el día 1 de cada mes (o el día que quieras, me da igual), deberás hacer esa contribución sin importar si el mercado sube, si baja, si hay crisis, si hay bonanza, o si hay una guerra. ¡Debes hacerlo! Porque ésta es la clave que te dará resultados en el largo plazo.

Hace relativamente poco tenía una conversación con un muy buen amigo mío sobre este tema donde básicamente le dije que pensara en cómo se sentiría sí con 50 años, no tuviera nada de deudas y además tuviera 100.000 euros líquidos en el banco.

Su cara era un poema y, aunque no hacía falta que me contestara nada, me dijo que, efectivamente, sería la leche. Algo increíble. Una situación que le gustaría conseguir a toda costa.

A lo que me preguntó qué hacer para llegar a ese nivel.

Por desgracia la gran mayoría de personas somos bastante parecidos a nuestro leñador protagonista, Agustín y permitimos que un árbol nos tape todo el bosque. Por eso, tú mismo concluirás, en base a tu conocimiento, que llegar a ese nivel solo está al alcance de gente rica o gente con suerte a quien les ha tocado la lotería.

Pero ninguna de estas personas sabe el poder que tiene el efecto compuesto de las cosas que, además, en el caso de las finanzas recibe el nombre de interés compuesto.

Para llegar a tu objetivo de tener 100.000 euros en el banco cuando tengas la edad de 50 años deberás invertir solamente cerca de 125 euros al mes.

Si quieres saber más sobre esto puedes buscar acerca del tipo de interés compuesto o “compounded interest” pero, básicamente, para que lo veas con datos más fehacientes, si tuvieras 1000 euros ahorrados y aportaras 125 euros a una inversión mensual a lo largo de 25 años a un tipo de interés del 7%, acumularías un total de 105.000 euros para tu 50 cumpleaños.

Y sí, se que suena increíble, pero por eso quería volver con este vídeo. Para que vieras el poder del efecto compuesto.

Por eso debes centrarte en cómo implementar pequeñas acciones para obtener resultados masivos. Y es muy importante que estas acciones sean casi inapreciables. Por supuesto que, en este caso, depende mucho de tu situación económica personal, pero creo que si de verdad te tomas en serio tus objetivos, todo el mundo podría apartar 125 euros de su gasto mensual para invertirlo en sus sueños.

Sobre todo porque estoy seguro de que casi el 100% de la gente gasta gran parte de su dinero en cosas que no le reportan grandes satisfacciones al final del día.

He puesto un ejemplo económico pero podemos trasladarlo a cualquier ámbito.

Por ejemplo, si eres de los que sale de fiesta y tiene unas resacas de película, manta y palomitas, seguramente pensarás que no pasa nada por salir a tope durante el finde.

Sin embargo, estoy seguro de que tu percepción cambiaría si te dijera que si sigues así, cuando llegues a los 50 años habrías pasado casi 2 años íntegros de resaca.

O sea, que básicamente habrías malgastado 2 años de tu vida con dolores de estómago y naúseas resacosas.

Y esto te lo digo suponiendo que sales de fiesta sólo una vez cada dos semanas desde los 25 años -y seguramente te habrás corrido juergas mucho antes de los 25.

Siendo así tendrías 26 días de resaca al año que si lo multiplicas por 25 años te daría la cifra de 650 días o lo que es lo mismo que 1,7 años.

Y ahora puede que pienses que este cálculo no es 100% exacto y que depende de muchos factores, pero esto solo es para que cojas perspectiva y veas el poder del efecto compuesto. Patinada, el efecto compuesto es como afecta multiplicativamente y éste no es el caso. A menos que “añadas” que tu salud se perjudica porcentualmente. ¡Flipao!

Y adivina qué, con el estudio pasa absolutamente igual. Por eso siempre hago hincapié en el poder multiplicador de todas las turbopíldoras que te ofrecemos en este canal, porque de verdad es algo que si aplicas, marcará la diferencia dándote unos resultados desorbitados. Por lo que si no lo has hecho ya, suscríbete y dale a la campanita de notificaciones para que no te pierdas nada del poderosísimo material que subiremos.

Entonces, la pregunta del millón ahora sería ¿qué puedes hacer para aprovecharte del efecto compuesto en los estudios?

El primer paso ya lo has hecho que es suscribirte a este canal. Puedes ver vídeos como “Estudia en 30 minutos lo que la mayoría en 3 horas”, “Estudia como un Genio aplicando la técnica Feynman”, “Cómo memorizar leyes de forma literal” o “Cómo mejorar tu memoria en 10 minutos” entre otros muchos vídeos.

Alright! El contenido que subo a este canal es de la máxima calidad y sinceramente creo que cada vídeo, desde el primero hasta el último, vale su peso “en gigas” en oro. Por lo que sólo con ver y poner en práctica todas las turbopíldoras de este canal te será suficiente para aprovecharte del efecto compuesto y potenciar tus capacidades.

Pero si de verdad vas en serio y quieres tener una transformación real de tus sesiones de estudio para obtener tu plaza o aprobar ese examen que tanto temes en tiempo récord, te digo lo que le diría a cualquier familiar o amigo: suscríbete en turbomemory.es porque hemos abierto de nuevo nuestro Curso de Alto Rendimiento Académico.

¡Nada más! Regístrate y presta mucha atención al mail porque el curso estará abierto por un tiempo limitado.

Y, recuerda, nos vemos en Turbo Memory: tu memoria, tu mejor arma.

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